La inflación mundial persistente puede durar dos años más según el FMI

El FMI advierte sobre alzas de precios a nivel global

El Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que hay indicios de que la inflación mundial se puede mantener alta “un par de años más” y reconoce que el impacto será mayor en los países de bajos ingresos (como los de África) y los de ingreso medio (como los latinoamericanos).

Expertos del FMI explican que la incertidumbre de la recuperación, la duración de la pandemia y la guerra de Rusia contra Ucrania son los factores que seguirán alentando la escalada de precios de energéticos y alimentos.

Y como las economías de bajos ingresos y las familias de escasos recursos destinan una mayor proporción de su gasto al consumo de estos bienes presionados, es de esperarse un mayor impacto sobre ellos.

Al interior de un análisis titulado “¿Se mantendrá alta la inflación?” observaron que utilizar tasas de interés como herramienta única para combatir la inflación persistente “puede ser obsoleto”, sobre todo si hay evidencia que esta escalada de precios se originó en una política fiscal expansiva.

“El estímulo agregado y la recuperación pospandemia con un apoyo relativamente mayor en las economías avanzadas, combinado con políticas monetarias laxas, pudo conducir a una inflación alta y persistente”.

Tal como lo ha evidenciado el FMI y recientemente el Banco Mundial, México es uno de los países que otorgaron los más moderados apoyos fiscales (de 1.7% del PIB), lo que descarta que el origen de la inflación se encuentre en el estímulo agregado.

Apenas la semana pasada, el gerente general del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por su sigla en inglés), Agustín Carstens, advirtió que los bancos centrales han hecho más de lo que les corresponde en la última década”.

Sugirió impulsar al crecimiento para que los países endeudados puedan soportar tasas de interés reales y nominales mucho más altas. Esto, tras reconocer que el mundo se encuentra “en la cúspide de la inflación”.

Las economías y familias de bajos ingresos destinan una mayor proporción de su gasto al consumo de alimentos y energéticos.

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