La mala noticia es que se concentra en cinco municipios, advierte la UNAH

Las remesas familiares superaron los 5.290 millones de dólares al cierre de mayo anterior, con un crecimiento de alrededor de un 14% interanual, informó el Banco Central de Honduras (BCH).

Los envíos en mayo superaron los 1.159 millones de dólares, superior al mes previo pero menor a marzo. En abril se recibieron 1.103 millones, en marzo 1.218 millones, en febrero 938.3 millones y en enero 870.7 millones de dólares.

La mayor parte de las remesas proviene de Estados Unidos, seguido de España y otras naciones. Las remesas crecieron un 25% el año pasado y las expectativas se han moderado.

Remesas hacia el Triángulo Norte de Centroamérica, crecieron 10,7% al mes de abril

Concentración en cinco ciudades

A pesar que los envíos continúa en aumento, Sergio Zepeda, Director del Instituto de Investigación Económica de la UNAH, advierte que la alta concentracón en cinco municipios, impide un mejor efecto en la economía de gran parte de la población.

Según estudios de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, las remesas se concentran en el Distrito Central, San Pedro Sula, Comayagua, Choluteca y La Ceiba.

«En 2025, las remesas crecieron más del 25% respecto a 2024, superando los 12 mil millones de dólares, pero esta riqueza no se distribuye equitativamente en el país. El 90% de estas remesas se destina al consumo y menos del 10% a inversión, lo que limita significativamente el impacto económico en regiones fuera de las grandes urbes», declaró.

Añade que el dinero que llega a las comunidades pequeñas y municipios alejados se queda principalmente en pequeños comercios como pulperías y tiendas de abarrotes. Mientras que en las grandes ciudades las familias realizan compras de alimentos, ropa, medicamentos y otros bienes, en el resto del país apenas quedan recursos para el comercio local.

Para cambiar esta situación, Zepeda, propone implementar políticas públicas que faciliten canales y productos financieros accesibles en municipios distintos a las grandes urbes. Esto permitiría que las familias cobren sus remesas localmente y tengan oportunidades para invertir en emprendimientos y negocios familiares sin necesidad de trasladarse a las grandes ciudades.

«Con políticas públicas adecuadas y un sistema financiero más accesible, las familias podrían reducir su dependencia externa y generar ingresos propios a través de emprendimientos locales que beneficien no solo a los hogares sino a toda la comunidad en términos de empleo y desarrollo», opinó

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