La sismología moderna ha desarrollado alternativas para proteger y preparar a la población frente a posibles eventos sísmicos. Una de las iniciativas más destacadas es el Global Seismic Risk Map, desarrollado por la Fundación GEM, y que, en acompañamiento con la Ocde, es el esfuerzo científico y de código abierto más avanzado del mundo para cuantificar las consecuencias de los terremotos y movimientos telúricos.

Este modelo calcula el impacto físico, social y económico real sobre la infraestructura construida, cruzando datos como pérdidas económicas directas, número de edificios destruidos, fatalidades o población desplazada por el desastre natural.

Ciudades de Latinoamérica aparecen entre las de mayor riesgo, aunque no aparece Venezuela sacudida por dos terremotos esta semana lo que confirma que los desastres naturales aún son impredecibles.

Al cruzar los datos de alta sismicidad con los más altos índices de vulnerabilidad estructural y alta densidad poblacional, ciudades como Estambul, Teherán, Atenas o Katmandú presentan los mayores riesgos de colapso estructural y crisis humanitaria, esto debido a su alta peligrosidad tectónica, mientras que ciudades como capitales como Manila o Yakarta, debido a su altísima concentración demográfica, tienen mayores riesgos de desplazamiento social, es decir, de que mayor cantidad de personas pierda su hogar.

Por otro lado, Tokio o Los Ángeles presentan mayores riesgos de pérdida macroeconómica, debido a la alta concentración de activos financieros e industriales en estas ciudades.

Lima en Latinoamérica

En la región, revisando el mapa de Global Earthquake Model, la capital de Perú es probablemente una de las ciudades que mayor cantidad de riesgos acumula. Y es que Lima se mantiene de forma consistente en los mapas de GEM como el punto de mayor riesgo humanitario y de destrucción habitacional de Suramérica, esto debido al prolongado silencio sísmico en la costa central peruana y alarmante índice de autoconstrucción informal en suelos inestables y arenosos, lo que agravaría las consecuencias de un evento sísmico en esa zona.
Dentro de Latinoamérica, el modelo también advierte de la alta exposición de capitales como Ciudad de México y Santiago de Chile.

La capital azteca muestra especial vulnerabilidad debido al subsuelo lacustre en el que se encuentra ubicada, es decir, compuesto principalmente por arcillas, limos y materia orgánica. Santiago, entre tanto, presenta cifras muy altas en la métrica de exposición de capital físico.

Sin embargo, su riesgo de fatalidades es drásticamente menor que el de otras ciudades, debido a que Chile posee uno de los códigos de ingeniería sismo-resistente más estrictos y fiscalizados del planeta. Es importante decir que no es un ranking, lo que hace el instituto es elaborar un mapa de riesgos de destrucción.

Así como en el resto del mundo, en Colombia las grandes urbes son las que mayor riesgo presentan, debido a su concentración demográfica y de construcciones. En este orden, Cali y Bogotá presentan riesgos altos según GEM, pues mientras la capital del Valle del Cauca se encuentra en una zona de alta peligrosidad como la zona de subducción del Pacífico y el sistema de fallas de Romeral, Bogotá alberga a más de 8 millones de personas y concentra la mayor cantidad de infraestructura financiera y gubernamental del país, lo que se suma a que la capital se encuentra ubicada en suelos blandos y arcillosos, que amplifican significativamente las ondas sísmicas de terremotos lejanos.

La construcción informal, crucial ante un evento sísmico

Es importante entender que el riesgo sísmico no lo produce únicamente el factor geológico, sino la combinación de amenaza, exposición y vulnerabilidad, por lo que componentes como la construcción informal agravan la exposición a desastres. 

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