La Casa Blanca no logra contener el alza del petróleo

Los mercados siguen moviéndose al compás de las oscilaciones del petróleo provocadas por la guerra en Irán. El crudo cotiza a la baja desde ayer por la tarde, pero sus mínimos coinciden con los máximos de las sesiones anteriores.

En otras palabras, el barril sigue instalado en cotas elevadas y explica buena parte de los movimientos en los activos financieros, desde el dólar y los tipos de interés hasta la renta variable y otras materias primas. Si no se produce un paréntesis en ese ámbito, será complicado que los mercados recuperen la confianza.

La renta variable europea borró ayer las ganancias acumuladas en 2026 tras una sesión durísima. El Stoxx Europe 600 cayó un 2,4%, lo que deja su balance desde el 1 de enero en el -1,4%.

En un mar de descensos, el sector petrolero fue el único en verde: el subíndice de combustibles fósiles subió un 3%, impulsado por TotalEnergies (+4,2%), BP Plc (+4,9%) y Equinor (+11%, gracias a su elevada exposición al gas). Casi todo lo demás cayó: más del 90% de los 600 valores del índice cerraron a la baja. El IBEX 35 cayó un 2,27%, arrastrado en particular por Indra (-12,28%) y acumula pérdidas del 3,35% en lo que va de año.

En Estados Unidos, donde los índices ya estaban en negativo en 2026 antes de la sesión anterior, las pérdidas estuvieron mucho más contenidas. El S&P 500 terminó cerca de sus máximos intradía, aunque aun así cerró en rojo (-0,27%). Wall Street logró remontar después de las declaraciones de Washington y Tel Aviv.

Donald Trump aseguró que Israel no volvería a atacar el yacimiento gasístico de South Pars, después de que el bombardeo previo disparase el petróleo hace 48 horas. Benjamin Netanyahu, por su parte, afirmó que la guerra con Irán terminará «mucho antes de lo que la gente cree».

Así pues, el petróleo sigue siendo el principal motor de los mercados en este momento. Es un activo cuyas fluctuaciones tienen consecuencias rápidas y fáciles de entender en todos los rincones de la economía, desde las multinacionales hasta el ciudadano medio. Estados Unidos lo sabe y está haciendo todo lo posible para intentar frenar la escalada de los precios, ahora que las consecuencias de la guerra se le han ido de las manos. ç

Tras aliviar el embargo sobre el petróleo y el gas rusos, Washington podría hacer lo mismo con el crudo iraní. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo ayer que levantar las sanciones es una posibilidad para reforzar la oferta. La postura puede parecer extraña, pero responde a la realpolitik: Estados Unidos considera prioritario contener la crisis del petróleo para evitar una crisis económica.

Siguiendo con el caos en el mercado petrolero, los inversores asistieron ayer a una espectacular ampliación del diferencial entre el crudo ligero estadounidense WTI y el Brent. En un momento de la sesión llegó a rozar los 20 USD, antes de estrecharse de nuevo hasta los 13 USD actuales (93,30 USD para el WTI frente a 106,60 USD para el Brent). Mi colega especializado en materias primas, Jordan Dufee, explicaba ayer que el Brent está muy expuesto a la producción de Oriente Próximo y al comercio marítimo mundial.

Por eso está acusando de lleno el impacto de la crisis actual. El WTI, en cambio, refleja el mercado interior estadounidense. La producción norteamericana se mantiene estable y está protegida de los cuellos de botella logísticos que afectan al estrecho de Ormuz. En consecuencia, el WTI es menos sensible a las fricciones geopolíticas internacionales.

En caso de una escalada incontrolada del petróleo, eso supone un importante colchón para Estados Unidos, aunque siga dependiendo del exterior para determinados productos refinados. Por ahora, sin embargo, la Casa Blanca no tiene intención de prohibir las exportaciones de petróleo y gas, según un comunicado oficial difundido el día anterior.

Los bancos centrales reunidos ayer, en particular el BCE y el Banco de Inglaterra, expresaron todos su preocupación por los niveles que ha alcanzado el petróleo. Las economías del Viejo Continente están más expuestas que la estadounidense a las turbulencias actuales.

Casi dan ganas de rehacer el aforismo de John Connally, secretario del Tesoro de Nixon, que dijo a los representantes europeos preocupados por la volatilidad del dólar que «el dólar es nuestra moneda, pero vuestro problema».

Podríamos acabar con algo así como: «Nosotros empezamos esta guerra en Irán, pero los precios de la energía son vuestro problema». Es una exageración, desde luego: Estados Unidos tiene poco que ganar con la situación actual, pero probablemente también tiene menos que perder que nosotros, de ahí el reciente peor comportamiento de los mercados europeos.

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