En un escenario de protestas masivas contra la corrupción lideradas por la generación Z y un peligroso desprecio de las normas internacionales por parte de algunos gobiernos, la 31.ª edición del Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional revela un preocupante panorama de declive a largo plazo del liderazgo para hacer frente a la corrupción, acompañado por signos limitados de progreso.
La corrupción está empeorando en todo el mundo y afecta incluso a democracias consolidadas, que están registrando un aumento de la corrupción en un contexto de debilitamiento del liderazgo, según el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2025 de Transparencia Internacional, publicado el día de hoy.
Este índice anual muestra que el número de países con una puntuación superior a 80 se redujo de 12 hace una década a tan solo cinco este año.
Los datos muestran que las democracias, que por lo general obtienen mejores resultados en la lucha contra la corrupción que las autocracias o las democracias imperfectas, están experimentado un preocupante deterioro en su desempeño en el índice.
«Esta tendencia abarca desde países como Estados Unidos (64), Canadá (75) y Nueva Zelanda (81), hasta varias partes de Europa, como el Reino Unido (70), Francia (66) y Suecia (80)».
Otro patrón preocupante es el aumento de las restricciones impuestas por muchos Estados a las libertades de expresión, asociación y reunión. Desde 2012, 36 de los 50 países con descensos significativos en las puntuaciones del IPC también han experimentado una reducción del espacio cívico.
En 2025, se produjo una oleada de protestas contra la corrupción lideradas por la generación Z, sobre todo en países que se encuentran en la mitad inferior del IPC, y cuyas puntuaciones se han estancado o empeorado en gran medida durante la última década. Jóvenes de países como Nepal (34) y Madagascar (25) salieron a las calles para criticar a sus líderes por abusar de su poder y no garantizar servicios públicos de calidad ni oportunidades económicas.
Transparencia Internacional advierte que la ausencia de un liderazgo firme en la lucha mundial contra la corrupción está debilitando la acción internacional en materia anticorrupción y amenaza con reducir la presión para impulsar reformas en países de todo el mundo.
Las puntuaciones altas en el IPC no garantizan que los países estén libres de corrupción, ya que varias de las naciones con las puntuaciones más altas permiten la corrupción en otros países al facilitar el lavado de dinero y la transferencia de las ganancias producto de la corrupción a través de las fronteras, un aspecto que el IPC no cubre en su medición.
Por ejemplo, Suiza (80) y Singapur (84) se encuentran entre los países con mejor puntuación, aunque han sido objeto de escrutinio por facilitar el movimiento de dinero sucio.
PRINCIPALES HALLAZGOS SOBRE LA CORRUPCIÓN GLOBAL
El IPC clasifica a 182 países y territorios según sus niveles percibidos de corrupción en el sector público, en una escala de cero (altamente corrupto) a 100 (muy limpio).
La puntuación promedio mundial se sitúa en 42 sobre 100, su nivel más bajo en más de una década, lo que apunta a una preocupante tendencia descendente que habrá que monitorear a lo largo del tiempo.
La gran mayoría de los países no está logrando mantener la corrupción bajo control: más de dos tercios —122 de 180— obtuvieron una puntuación inferior a 50.
Por octavo año consecutivo, Dinamarca tiene la puntuación más alta del índice (89), seguida de cerca por Finlandia (88) y Singapur (84).
Los países con las puntuaciones más bajas tienen, en su inmensa mayoría, sociedades civiles gravemente reprimidas y altos niveles de inestabilidad como Sudán del Sur (9), Somalia (9) y Venezuela (10).
Desde 2012, 50 países han tenido un descenso significativo en su puntuación en el índice: entre los que más han bajado, se encuentran Turquía (31), Hungría (40) y Nicaragua (14). Estos descensos reflejan una década de debilitamiento estructural de los mecanismos de integridad, alimentado retrocesos democráticos, conflicto, fragilidad institucional y redes de clientelismo profundamente arraigadas. Estos declives son agudos, sostenidos y difíciles de revertir, ya que la corrupción se vuelve sistémica y profundamente arraigada tanto en las estructuras políticas como administrativas.
Desde 2012, 31 países han mejorado significativamente su puntuación en el índice: entre los que más han mejorado se encuentran Estonia (76), Corea del Sur (63) y Seychelles (68). Las mejoras a largo plazo en países democráticos como estos reflejan el impulso sostenido de reformas, el fortalecimiento de las instituciones de supervisión y un amplio consenso político a favor de una gobernanza íntegra.
El éxito en estos ámbitos se ha atribuido, entre otras cosas, a la digitalización de los servicios públicos, la profesionalización de la función pública y la incorporación de estándares de gobernanza regionales y globales.





























