Mientras las autoridades monetarias estiman el regreso a la devaluación «normal» del lempira frente al dólar, la academia universitaria advierte que el valor del dólar se elevaría el próximo a casi 28 lempiras.

El precio del dólar ya supera los 26.92 lempiras y llegaría a 27 lempiras en dos semanas, antes de lo previsto por economistas, de acuerdo al ritmo actual de la Subasta de Divisas que es de tres a cinco centavos semanales.

La devaluación en 2025 fue de un lempira.

«Aunque a un ritmo menor que en 2025, el escenario base ubica el tipo de cambio en 27.98 lempiras al cierre de 2027 y el de mayor presión en 28.87 lempiras«, de acuerdo con un análisis del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (IIES-UNAH).

El documento, oficial de la academia, plantea tres escenarios para la evolución del tipo de cambio hasta diciembre de 2027. En el escenario base, el dólar alcanzaría 27.15 al cierre de 2026 y L27.98 en diciembre de 2027. Se trata de una devaluación de 3%.

Bajo un escenario favorable, añade el informe, se ubicaría en 27.53 lempiras, mientras que ante mayores presiones cambiarias podrían llegar a 28.87 lempiras.

La UNAH subraya que estos valores son escenarios de referencia y no constituyen proyecciones oficiales ni compromisos del Banco Central de Honduras (BCH).

También el análisis evidencia que el ajuste cambiario ha cobrado mayor fuerza en los últimos años. La depreciación anual del lempira pasó de apenas 0,14% en 2023 a 2,62 % en 2024 y 4,16 % en 2025. Para 2026, el escenario base contempla una depreciación de 2,55%, inferior a la observada el año anterior.

Más reservas, pero continúa la presión cambiaria

El análisis de IIES-UNAH, también indica que el comportamiento del tipo de cambio ocurre mientras Honduras mantiene un elevado nivel de reservas internacionales. Al 28 de julio de 2026, las Reservas Internacionales Netas alcanzaron 11,450.7 millones de dólares, suficientes para cubrir aproximadamente 6.6 meses de importaciones, por encima del mínimo de cinco meses establecido por el BCH, tal como las autoridades del ente monetario lo dieron a conocer recientemente.

Sin embargo, la UNAH advierte que la acumulación de reservas no significa que estas deban utilizarse de forma permanente para contener cualquier movimiento del dólar; ya que su función principal es preservar la liquidez externa y fortalecer la capacidad del país para enfrentar choques externos.

El instituto señala que las remesas y las exportaciones han contribuido al fortalecimiento de las reservas, aunque esos flujos podrían moderarse durante el resto de 2026, mientras las importaciones crecerían aproximadamente 6,4%, aumentando la demanda de divisas.

Efectos

El documento explica que una depreciación gradual del lempira puede favorecer a los exportadores y elevar, en términos de lempiras, el valor de las remesas recibidas por los hogares. Sin embargo, también encarece las importaciones, los combustibles, las materias primas y las obligaciones pactadas en dólares.

Para el sector público, el movimiento cambiario puede incrementar el costo en moneda nacional del servicio de la deuda externa. La UNAH señala además que el traslado de la depreciación hacia los precios internos no es automático, pues depende de factores como la magnitud del ajuste, el uso de insumos importados, los márgenes empresariales, la competencia y la respuesta de la política monetaria.

“En contraste, para los hogares y empresas con alta dependencia de bienes e insumos importados, implica un aumento de costos. En el sector público, eleva el valor en moneda nacional del servicio de la deuda externa, aunque también incrementa la contrapartida en lempiras de ciertos ingresos externos”, cita el documento.

Ante este panorama, el IIES-UNAH recomienda fortalecer la transparencia del mercado cambiario, mejorar la eficiencia del mercado organizado de divisas, preservar niveles adecuados de reservas y diversificar las fuentes de generación de dólares mediante mayores exportaciones, inversión productiva y competitividad.

El análisis concluye que el desafío, no consiste en mantener una estabilidad cambiaria rígida ni permitir una depreciación acelerada, sino en avanzar hacia un ajuste gradual y ordenado que preserve la estabilidad macroeconómica.

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